Secretos Que Se Ocultan Tras la Inteligencia Artificial

actualizado el 12 de julio de 2026

Aviso:

Los temas económicos y laborales que se discuten en esta publicación se basan en observaciones personales hechas en el sur de Florida. Si bien estas percepciones provienen de una perspectiva local, reflejan tendencias más amplias dentro de la economía gig y la industria de alta tecnología. Las circunstancias pueden variar según la ubicación y el empleador, pero este post le tira un vistazo a los desafíos que enfrentan los habitantes de la Nube.


Empecemos con Appen y compañía

Plataformas como CrowdGen de Appen, Oneforma (ahora Centific), MTurk y Clickworker venden la promesa de trabajos flexibles y la oportunidad de contribuir a proyectos de inteligencia artificial de vanguardia.

Pero detrás de esta fachada tecnológica, más deslumbrante que un casino de Las Vegas, acechan problemas sistémicos:

  • bajos salarios
  • falta de transparencia
  • promesas que jamás se cumplen
  • y, sobre todo, una dinámica laboral sospechosamente relacionada con la inmigración, tal como lo documenta el Economic Policy Institute

Este post cuenta mis experiencias personales con Appen, una autoproclamada líder en servicios de IA. Sin embargo, mis inquietudes van mucho más allá de Appen como tal.

Nota del editor: las observaciones, salarios y detalles de la plataforma descritos en este artículo reflejan la situación de Appen/CrowdGen tal como era en 2024. La plataforma ha seguido evolucionando desde entonces —según la mayoría de los relatos de colaboradores, no para mejor— y las tarifas de pago, la disponibilidad de proyectos y las políticas actuales pueden diferir de lo que se describe aquí.

Pero nada de lo dicho aquí debe entenderse como un ataque a la IA. Es, más bien, un argumento en contra de construir la IA sobre arreglos laborales que no sobrevivirían a la luz del día en ninguna otra industria.

Un Sistema Enorme y Defectuoso en Acción.

Jornalero o especialista en IA

La derecha estadounidense repite hasta el cansancio que los inmigrantes ilegales nos están robando los empleos. Tal postulado es demagogia barata último modelo.

En la calle, casi que la única oportunidad de los inmigrantes es, con demasiada frecuencia, aceptar trabajos de baja calificación que la mayoría de los estadounidenses se niega a hacer.

Y aquí está la parte que la fábula del inmigrante ilegal convenientemente omite: los gigantes tecnológicos del AI velvet underground —el submundo, con aires de elegancia, que sostiene a la inteligencia artificial— pagan con frecuencia esos mismos salarios de baja calificación, nueve dólares la hora o menos, a contratistas, inmigrantes y nativos por igual, mientras venden el trabajo como algo vanguardista y de alta tecnología.

Los Dueños de la Nube

Tomemos a Appen como ejemplo. Appen tiene una versión en español y paga a los contratistas apenas $9 la hora, o menos, por entrenar chatbots para gigantes tecnológicos como Amazon.

Metele cabeza: ¿qué maestro que huye de Honduras no aprovecharía la oportunidad de ganar $9 la hora sin necesidad de revalidar un título, sobre todo cuando esa cantidad probablemente sea mucho más de lo que podría ganar en su país de origen? Ese gancho es exactamente lo que hace que el arreglo le convenga a las plataformas de IA —y algo que es, por supuesto, digno de escrutinio, sin importar quién termine haciendo el trabajo—. Mientras tanto, políticos y personalidades de los medios siguen impulsando una narrativa engañosa sobre el robo de empleos.

Este fenómeno con tufo a corrupción descontrolada es lo que investigadores como Mary Gray y Siddharth Suri llaman "ghost work" (trabajo fantasma): mano de obra invisible y subvalorada detrás de la IA.

Como ha sido documentado en Rest of World, esta misma explotación se repite constantemente en América Latina, África y Asia — o sea, no es solo un problema del sur de Florida, es un problema de la Nube en todas partes.

La Trampa de la Clasificación

El mecanismo que hace posible todo esto no es solo el salario: es la clasificación laboral. Appen y plataformas similares contratan a sus trabajadores como contratistas independientes clasificados como 1099, en lugar de empleados, y las leyes de salario mínimo de Estados Unidos y de Florida aplican a los empleados, no a los contratistas independientes. Esa distinción permite a las plataformas pagar legalmente tarifas que serían absolutamente ilegales para un empleado que hiciera el mismo trabajo, en el mismo horario, bajo la misma supervisión. Ese es el vacío legal detrás de la economía del trabajo fantasma, y no es un descuido en la forma en que estas plataformas pagan a la gente: es el modelo de negocio diseñado para que suceda así legalmente.

De hecho, cuando políticos y autoproclamados influencers se rasgan las vestiduras por los inmigrantes que roban empleos estadounidenses, convenientemente ignoran el papel que juegan los gigantes tecnológicos al crear un sistema que empuja a esos mismos inmigrantes —y a los trabajadores nacidos en el país junto a ellos— hacia una economía gig diseñada para evadir las protecciones laborales que se aplican a un empleo tradicional.

Los empleadores que pagan bajos salarios difícilmente tienen el dinero y el peso político que tienen los empleadores que pagan salarios altos. Así que, si hay alguien a quien culpar del desastre, esos serán los primeros en la fila — aunque la estructura subyacente la hayan construido los segundos.

CrowdGen by Appen: ¿decepción, fraude o incompetencia?

Un día cualquiera de septiembre de 2024, me encontré con la sorpresa de que Appen tenía un nuevo look. CrowdGen, sin previo aviso y, evidentemente, sin la preparación adecuada, se convirtió en la nueva cara de Appen.

La ¿ultramoderna? imagen de Appen fue presentada como un gran avance tecnológico que haría el trabajo de los contratistas mucho más fácil y eficiente.

¿La realidad? Caos total y absoluto, errores constantes, falta de comunicación y más obstáculos para los contratistas, muchos de los cuales tuvieron —y todavía tienen hoy— infinidad de problemas para cobrar por su trabajo.

Lamentablemente, Appen no es un caso aislado. Empresas como esta no ofrecen oportunidades; todo lo contrario, explotan a los contratistas de manera implacable, mientras el discurso político desvía la atención hacia otros culpables convenientes… si es que, siquiera, se menciona algún culpable.

Alta Tecnología con Cuchillo de Palo.

El contraste es absurdo: Appen —y seguramente no es la única— vende servicios de inteligencia artificial avanzada a gigantes como Meta, pero quienes hacen el trabajo, los contratistas, siguen lidiando con herramientas obsoletas que bien podrían catalogarse de antigüedades.

Tomemos como ejemplo la plataforma SRT, un sistema utilizado por quienes trabajan en proyectos relacionados con Facebook, cuyo objetivo es mejorar la seguridad y calidad de las plataformas de Meta — o al menos eso es lo que anuncian. A mí, personalmente, me recuerda a Windows 8.

Gracias por ayudar a proteger las plataformas de Meta.

Esta frase sugiere que los contratistas juegan un papel crítico en la protección de una de las redes sociales más grandes e influyentes del mundo.

Sin embargo, este trabajo tan crítico paga solo entre $9 y $11 la hora. Para poner esto en contexto: el salario mínimo de Florida era de $13.00 la hora a partir del 30 de septiembre de 2024, subió a $14.00 el 30 de septiembre de 2025, y va camino a $15.00 para el 30 de septiembre de 2026, según el calendario aprobado por los votantes del estado. Así que esto no es solo estar por debajo de un salario digno: la paga de los contratistas queda notablemente por debajo de lo que la ley de Florida exige para empleados que hacen un trabajo comparable, una brecha que existe únicamente porque estos trabajadores están clasificados como contratistas y no como empleados. También está muy por debajo de lo que podría ganar un empleado a tiempo parcial, sin mucha capacitación, atendiendo la caja del McDonald's de la esquina —un trabajo donde esa ley de salario mínimo sí aplica.

El mensaje es claro: la responsabilidad de proteger Meta no merece las protecciones básicas que recibe quien te cobra en el McDonald's — porque, oficialmente, quien protege a Meta no es un empleado.

¡Pero se pone mejor! El contrato oficial con Appen para proteger Facebook exige un máximo de una hora de trabajo al día, a menos que se ofrezcan horas extra. Sin embargo, aun si Appen, en un arranque de generosidad, ofreciera una jornada completa de 40 horas a la semana, esos $9 a $11 la hora representarían apenas unos $1,200 al mes tras cubrir impuestos y demás obligaciones del 1099 — una cantidad que, con suerte, alcanza para pagar un efficiency (un pequeño estudio), y ni hablar de la comida, porque simplemente no alcanza.

Puede parecer irracional, pero en realidad es puro cinismo: la joya tecnológica del siglo XXI se sostiene gracias al trabajo de contratistas mal remunerados y sin derechos.

Reflexiones Finales.

Appen y sus clientes, incluyendo a Meta, deben abordar estas deficiencias si quieren cerrar la brecha entre la innovación y la realidad. Las aspiraciones de alta tecnología pierden todo su sentido sin salarios justos, herramientas confiables y sistemas transparentes. Según la Fundación Mozilla, una IA ética debe empezar por cómo trata a los seres humanos detrás de ella.

Las viejas excusas sobre la escasez de empleos y los costos ya no se sostienen en la economía interconectada de hoy. Empresas como Appen saben exactamente dónde están ubicados sus contratistas y podrían ajustar la compensación según el costo de vida local — o, como mínimo, dejar de depender de la clasificación de contratistas para evadir por completo las obligaciones de salario mínimo. Según la Fairwork Foundation, que evalúa plataformas gig a nivel mundial, muchas no cumplen ni con los estándares más básicos de equidad.

Referencias.